Somaliland?

Publicado: 8 mayo, 2011 en Sin categoría

Pues no. Parece ser que no había otro sitio dónde ir. Mira que este país tiene tantas cosas interesantes que ver, Patrimonios de la Humanidad, Santuarios Naturales y Cunas de Civilizaciones incluidos, y no encontrando nada de esto lo suficientemente atractivo, nos fuimos de vacaciones a un país que no es país (oficialmente), refugio de piratas, y enclavado en una de las zonas más calientes del mundo (No sólo medida en grados, sino también en inestabilidad, falta de información oficial y medidas de seguridad en caso de emergencia).

Todo esto suena superemocionante, digno de intrépidos aventureros, o de completos idiotas con tendencias suicidas, pero la realidad es bien distinta. Cada vez más turistas se aventuran a pasar unos días en el país, atraídos por la relativa seguridad actual, la oportunidad de visitar la desierta costa somalí, y por las buenas referencias que se pueden encontrar acerca de sus gentes, que se muestran sorprendidas unas veces, y agradecidas otras, por la presencia de occidentales en sus tierras.

La República de Somaliland, conocida como el Protectorado de Somalia bajo el dominio británico desde 1884 hasta junio 26 de 1960, cuando Somaliland obtuvo su independencia de Gran Bretaña. El 1 de julio 1960 se unió a la antigua Somalia italiana para formar la República de Somalia. La unión no funcionó de acuerdo a las aspiraciones de la gente, y la tensión llevó a una guerra civil de 1980 en adelante y, finalmente, al colapso de la República de Somalia. Después del colapso de la República de Somalia, la población de Somaliland celebró un congreso en el que se decidió retirarse de la unión con Somalia y restablecer la soberanía de Somaliland.

La población de Somaliland es mayoritariamente musulmana. Y como no están muy acostumbrados al turismo, ni al contacto con el exterior, las costumbres religiosas están muy marcadas. Cuando se visita un país musulmán hay ciertas cosas a tener en cuenta respecto a la vestimenta y al comportamiento en lugares públicos. Entre otras cosas, las turistas deben cubrirse de pies a cabeza. No están bien vistas las muestras de contacto y/o afecto en público, y el consumo de alcohol está terminantemente prohibido.

Estos temas son especialmente controvertidos para las mujeres; en este viaje me acompañaba Nora, mi amiga alemana. Y aparte de tener que cubrirse el pelo y el resto del cuerpo, la mayoría de los hombres no se referían a ella a la hora de entablar conversación. Ni siquiera la saludaban o establecían contacto visual. No vimos una sola mujer sentada en las numerosas terrazas de Hargeisa, y solamente los hombres se repantingaban para mascar qat y beber té, mientras las mujeres acarreaban el agua, hacían la compra, o cualquier tipo de tarea del hogar. Eso sí, muchas mujeres se acercaban a ella para preguntar de dónde era y qué diablos hacía allí (y si estábamos casados).

...y los amigotes de parranda.

Nora mimetizada con el ambiente...

Entrar en Somaliland desde Etiopía es relativamente fácil. Tienes que gestionar tu visado en la cancillería de Somaliland en Addis, que no te lleva más de media hora, porque normalmente no hay mucha gente que quiera ir. Hay vuelos desde Addis a Jijiga, la ciudad más importante de la región somalí de Etiopía. Una vez allí, puedes coger un autobús que te lleva a Wajale, en la frontera. Si por casualidad viajáis en autobús desde Jijiga a Wajale, no paguéis el billete hasta que el bus esté en marcha y el cobrador os lo pida, para evitar que cualquier listo se acerque y os exija el dinero para el billete. Nosotros  pecamos de inocentes, y tuvimos una buena bronca con el cobrador y el conductor, que paró el bus en medio del páramo y nos amenazó con bajarnos ahí mismo, con el resto de pasajeros hablando a voces, unos defendiendo nuestra postura, otros queriendo continuar su viaje sin importarles un carajo si los farenjis se quedaban en la cuneta o no.

"Señor conductooor, pise el aceleradooor"

Lo más importante es que no te puedes olvidar tu visado etíope, cosa que a mi me pasó. Aún así, fuimos a Wajale, para intentar contarles la película a los de la frontera, e intentar pasar con una copia escaneada que Eleonora me mandó a mi correo. No funcionó, por supuesto. Así que volvimos a Jijiga a esperar al avión del día siguiente, a que Eleonora encontrara algún alma caritativa en el aeropuerto que accediera a llevar consigo mi visado.

El alma caritativa resultó ser un tal Ibrahim, que vive en Jijiga y suele viajar a Addis con frecuencia por motivos de trabajo. Con el permiso en mi poder, y con un día de viaje echado a perder, volvimos a hacer el mismo trayecto, y esta vez el paso a Somaliland fue exitoso.

Para llegar a Hargeisa debes coger un taxi compartido. Alrededor de la Oficina de Inmigración, hay varios tipos que están esperando a llenar sus coches y salir para la capital. Y los llenan, literalmente. Viajan 4 personas en el asiento de atrás y 2 en el asiento del copiloto. Nos sentamos en el asiento del copiloto, con la palanca de cambios entre mis piernas. La segunda y la cuarta eran un poco comprometidas.

No he comentado nada sobre el paisaje, porque no hay mucho que comentar. Desde que aterrizamos en la pista de Jijiga, y hasta llegar a Hargeisa, las vistas son poco propicias para la inspiración y el deleite. Un secarral de piedras y plantas secas, algún camello despistado, chiringuitos destartalados al pie de la carretera, y remolinos de arena en el horizonte, alargados como pequeños tornados, que le daban un toque al más puro estilo Mad Max.

El chelín de Somalilandia, aunque estable, no es una moneda reconocida internacionalmente y en la actualidad no tiene ningún tipo de cambio oficial. 1 dólar equivale a 6500 chelines. Solamente hay billetes de 500. Puedes cambiar dinero en cualquier parte, hay cientos de puestos en la calle donde los cambiadores apilan los billetes en fardos enormes. Es bastante gracioso recibir un bolsón de billetes que no sabes dónde meterlo, o pagar un fajo por una cena en un restaurante.

No hay monedero suficientemente grande para esta broma...

Hargeisa es un hormiguero en medio del desierto. Apenas hay carreteras asfaltadas, los puestos callejeros se agolpan en las aceras, los postes de la luz están llenos de cables apañados que van en todas direcciones posibles, y todo el mundo hace vida en la calle. El punto de color lo traen las mujeres, con sus hijab de diferentes colores, y las fachadas de las tiendas, todas ellas pintadas con vivos colores, con dibujos de los productos que venden, o de los servicios que prestan..

En algunas zonas de la ciudad todavía se aprecian claramente las huellas de la guerra en forma de impactos de proyectiles en las fachadas de las casas, o en los solares abandonados llenos de escombros y basura.
Uno de los pocos monumentos que hay -si no es el único- es un avión de combate MIG del ejercito somalí derribado durante la guerra.

Otro lugar de interés turístico es el mercado de ganado. Somaliland basa su economía en el comercio de ganado, principalmente camellos, cabras y ovejas. Es el mayor exportador de la zona. Los acuerdos comerciales se realizan de tú a tú, y se sellan con un apretón de manos. Hay todo un mundo de señas y gestos cuando hay grupo reunido y se quieren hacer tratos de manera personal, sin que el resto se entere. Como el mus. El ganado se carga en camiones, y se lleva al puerto de Berbera, o en dirección a Etiopía.

Nuestro siguiente destino era Berbera, en la costa. No está permitido a los turistas viajar sin escolta por el país. Puedes solicitar un permiso en la Oficina de Turismo que te autoriza a viajar solo bajo tu responsabilidad, pero no te garantiza que en los numerosos checkpoints que hay en las carreteras los soldados te manden de vuelta por donde has venido, sin darte más explicaciones. El dueño del Hotel Oriental nos facilitó un coche con conductor y un soldado ya entrado en años, que conocía a todos los compadres de los 6 checkpoints que encontramos de camino.

El principal motivo de visitar Berbera era por su costa. Nos alojamos en el resort Al-Mansoor, a 100 metros del mar. Por la tarde pudimos disfrutar de la kilométrica playa desierta, y de las cálidas aguas del Océano Índico.

Como perdimos un día por mi maldita cabeza, el domingo tuvimos que hacer el viaje de vuelta del tirón. Teníamos que llegar a Jijiga antes de que anocheciera, para que a la mañana siguiente, cogiéramos el avión para Addis. Todo fue sin problemas, excepto que esta vez, la palanca de cambios entre las piernas fue más incómoda que a la ida (Si el taxi compartido es ranchera, ¡Se pueden meter 3 pasajeros más en el maletero!), y que el bus de Wajale a Jijiga paró a mitad de camino para cargar unos 15 sacos de cemento de 50 kilos cada uno, lo que hizo que el resto del viaje lo hiciéramos a una velocidad de crucero de 20 km/h. Fue ahí donde entendí la función de las barras de andamio en el interior del bus a lo largo del pasillo.

A la mañana siguiente, fuimos al aeropuerto de Jijiga (excesivo nombre para una pista de aterrizaje y una barraca de chapa en medio de la nada) en mototaxi. Cuál fue nuestra sorpresa, cuando al llegar a la barrera de entrada, el avión ya está en pista, y los pasajeros se están dirigiendo a embarcar. Los soldados no nos dejan entrar. Nosotros replicamos que tenemos que coger ese avión, que tenemos el billete, y que hemos llegado a tiempo. Exigimos la presencia de la persona a cargo del chiringuito. Tras un buen rato discutiendo con los soldados y con otro tipo que decía ser el encargado de nosequé, básicamente su respuesta fue que habíamos llegado tarde. No podíamos creerlo. El avión había llegado como una hora antes, y no nos dejaban embarcar. Vimos delante de nuestras incrédulas caras cómo los pasajeros terminaban de embarcar, y cómo el avión emprendía el vuelo hacia Addis.

Acto seguido, un tipo con el uniforme de las aerolíneas etíopes, se dirige a nosotros, y de muy buenas maneras, nos dice que hemos llegado tarde, que nos ha estado esperando, y que no hay más que hacer. Nuestra indignación y cabreo crece por momentos. Hasta que en un momento de la conversación, el tipo saca su móvil, enseñándonos la hora a la que teníamos que haber estado y algo no cuadra. Este tipo tiene la hora mal puesta. ¿O no?

A mi móvil se le acabó la batería el segundo día, y no pude cargarlo en todo el viaje, porque la batería parece que se ha fundido para siempre. Nora olvidó su móvil etíope en Addis, pero tenía su móvil alemán, todavía con la hora de Sudáfrica, donde había estado la semana anterior haciendo una entrevista de trabajo. Habíamos estado todo el viaje guiándonos por la zona horaria equivocada. Por lo que llegamos una hora más tarde. El avión había llegado un poquito más pronto, pero dentro de los límites razonables.

Desolados, y con cara de tontos, nos volvimos a Jijiga. No había otro avión hasta el día siguiente. Y pensar que teníamos que pasar otro día en ese cagadero, no nos hacía mucha gracia. Así que decidimos pillar un bus a Dire Dawa, la segunda ciudad de Etiopía, y olvidar lo pasado cuanto antes.

Dire Dawa mola. Había pasado por allí el año pasado de camino a Harar, y me causó muy buena impresión. Es una ciudad tranquila, todo lo contrario que la bulliciosa Addis. Los barrios forman cuadrículas ordenadas, hay árboles por todas partes, las aceras son transitables, y el calor pegajoso hacen de ella la mejor ciudad para vaguear y no hacer nada. Puede que esta sensación se viera aumentada por el contraste de venir de un sitio donde todo está hecho polvo, las mujeres son bultos de colores, y no te puedes tomar una cerveza. La gente aquí también es muy simpática, entramos en una tienda a comprar baklavas, y el tipo nos coló hasta al mostrador por delante de toda la cola, por el simple hecho de ser turistas y visitar su tienda (Si fuera uno de los tipos de la cola, no me lo tomaría tan bien), por la mañana visitamos el mercado, disfrutamos de unos zumos, compramos café, y esta vez sí, llegamos al aeropuerto a tiempo.

Al margen de todas las peripecias del viaje, me gustaría terminar diciendo que la impresión que nos llevamos de Somaliland fue bastante buena. Está claro que no es un destino recomendable desde el punto de vista turístico, pero hay que reconocer el esfuerzo que sus habitantes y sus autoridades han hecho durante todo este tiempo para que día a día su estabilidad se mantenga, y el reconocimiento internacional sea cada vez más notable, constatando así un referente internacional en temas de resolución de conflictos locales.

Danakil Depression

Publicado: 21 febrero, 2011 en Sin categoría

“Es mejor morir que vivir sin matar”

Proverbio Afar

Todas las veces que he estado aquí, he conocido a alguien que ha visitado la Depresión del Danakil, y siempre contaba maravillas. También he oído cosas más chungas, como historias de accidentes, o incluso de secuestros en la zona. Al estar en la zona fronteriza con Eritrea, muchas embajadas no recomiendan viajar allí.

Sinceramente, nunca pensé que llegaría a hacer este viaje. Lo veía como una opción muy remota, arriesgada y cara. Pero cuando se presentó la ocasión, no lo dudé ni un momento. Es el tipo de viaje que merece la pena hacer por muy arriesgado y caro que sea. Además, el precio resultó no ser tan alto.

Pero amigos, lo barato, a veces puede salir muy caro. He de decir que tuvimos mucha suerte, y que el viaje salió redondo, pero en algunos momentos se notó que no teníamos la mejor organización ni el mejor equipamiento logístico para un viaje de estas características.

La Depresión del Danakil es uno de esos sitios que se podrían calificar como “infernales”, geográficamente hablando. Se encuentra a unos 100 metros por debajo del nivel del mar, y es uno de los puntos más calientes del planeta, con una media de temperatura de 35ºC, pero alcanzando los 50ºC en verano. De hecho, a partir de marzo, nadie recomienda viajar allí, a no ser quieras morir derretido o de un infarto. El paisaje es marciano: desiertos de piedras y arena, volcanes activos, lagos apestosos de azufre con colores y formas imposibles, ríos de lava negra solidificada y explanadas interminables incrustadas de sal.

 

 

 

 

 

 

La depresión discurre a través de la región Afar, cuyos pobladores son famosos por ser gente ruda y curtida por las inclemencias del desierto, por tener la costumbre de castrar a sus enemigos vencidos, como hicieron con algunos italianos durante la ocupación, y por dedicarse a la extracción y el comercio de sal que obtienen de las enormes salinas que se extienden por la zona. De mayoría musulmana, y de costumbres nómadas, los Afar son buenos conocedores de la región, y muchos de ellos trabajan como guías turísticos. El kalashnikov es su herramienta de trabajo, el camello su vehículo y el hecho de que algunos se afilen los paletos superiores, les confiere un aspecto de lo más satánico.

 

 

 

 

 

 

Nuestro viaje consistió en un plan apretado, pero factible. 4 días, 3 noches. Volamos el sábado a Mekele, la sexta ciudad más grande del país. Allí se nos unió otro grupo de italianos, que añadió un coche más a la expedición. Cinco en total. 15 viajeros, 5 conductores, un cocinero y nuestro “broker” Isaak que se encargó de gestionar todos los trámites con la gente local y demás. LLegamos a Berahlle a la hora de comer, no sin antes haber tenido que reparar tres pinchazos. Y eso que todavía conducíamos por carretera asfaltada. Las dudas acerca del buen estado de nuestros coches empezaron a agolparse cuando vi al conductor de mi coche haciendo una ñapa en el motor con esparadrapo…

 

 

 

 

 

 

Berahlle es el último pueblo entendido como tal, y el último lugar donde puedes encontrar bebida “fresca”. Degustamos unas tibs recién hechas (mataron a la cabra delante nuestro) y salimos en dirección a Hamedila. El paisaje empezó a ponerse interesante…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De camino a Hamedila vimos una de las tropecientas caravanas de camellos que atraviesan la región transportando la sal hasta Mekele. LLegamos a Hamedila al atardecer, un asentamiento de chozas que hace las veces de área de servicio para los camelleros. El sitio está sitio de basura, excrementos y huesos por todas partes. Después de Hamedila, La Nada.

 

 

 

 

 

 

A la mañana siguiente, salimos hacia Dallol. Es oficialmente el punto donde se han registrado las temperaturas más altas del planeta, rebasando los 50ºC. El día se levantó nublado, así que tuvimos suerte de no tener al sol pegándonos duro en la cabeza. Es obligatorio llevar una escolta de militares, y el lugar no se puede visitar a partir del mediodía, principalmente por creencias espirituales. Dallol es un pueblo abandonado donde hace tiempo hubo una empresa yanki que trabajaba refinando potasio. El lugar es un tripi. Manantiales sulfurosos amarillo-verdosos corroen la piedra y forman figuras increíbles. Del suelo multicolor burbujea un líquido humeante que huele a huevo podrido, y a veces es tan corrosivo que es como si tuvieras un trapo con amoníaco en la boca. El suelo cruje a medida que avanzas, y sólo piensas en no caerte, porque hacerte un corte allí escuece bastante (¡Doy fe de ello!)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de Dallol, pasamos cerca del lago Asale, una inmensa llanura de costras salinas que se pierde en el horizonte. Es aquí donde los Afar extraen la sal. Básicamente, rompen   la corteza del suelo a hachazos y luego cortan bloques rectangulares con una especie de cuchillo rudimentario adaptado a un palo. Cada bloque pesa unos 6 kilos, y cada camello puede transportar unos 300 kilos. El bloque de sal cuesta alrededor de 2 birr, pero en Mekele el precio puede aumentar hasta los 20.

 

 

 

 

 

 

La ruta continúa hacia el plato fuerte del viaje, el volcán Erta´Ale. Y llegaron los problemas mecánicos. A nuestro coche le empezó a fallar la batería y había que arrancarlo cada dos por tres. Las pinzas de arranque no tenían pinzas, así que nuestro conductor enroscaba el cable pelado a los bornes de la batería. En un bache, algo se desprendió de los bajos. No debía ser algo muy importante, porque lo desatornillamos, lo tiramos al maletero y seguimos adelante. A otro coche se le rompió el starter, y había que empujarlo cada vez que se paraba. No teníamos ni una maldita pala para sacar la arena de debajo de los coches cuando se quedaban atascados, así que todo el mundo arrimaba el hombro para desatascar el coche. Después de 7 horas de viaje, y ya anocheciendo, llegamos a otro asentamiento no muy lejos del volcán. A eso de las 9 de la noche salimos para el volcán. Un par de camellos llevaban el agua y los colchones para dormir en la cima. La subida es muy suave pero se hace a ritmo de camello, así que nos tomó 4 horas. La luna casi llena nos permitía andar sin linternas y las formas de la lava endurecida nos anticipaban la llegada del momentazo.

 

 

 

 

 

 

Al llegar a la cima, y en otro pico más bajo, un resplandor rojo salía de dentro de la tierra. El cráter del Erta´Ale estaba a 200 metros.

Bajamos por una pendiente hasta un ruedo gigante cubierto por lo que los guías llamaron “New Lava”, una especie de porexpán negro que crujía y cedía al pisarlo, como si fuera nieve. Según los guías, esta capa no estaba la última vez que estuvieron.

No sé si alguna vez os habéis asomado a un volcán, ni a qué tipo de volcán. Pero contemplar un lago gigante de lava incandescente en plena oscuridad, a un par de metros del borde del cráter, sintiendo el calor, oliendo el azufre, y escuchando los petardazos de las burbujas de lava, es algo que no tiene precio.

 

 

 

 

 

 

A la mañana siguiente (4 horas después), repetimos la visita al cráter para apreciar con más detalle la lava y los alrededores.

 

 

 

 

 

 

El viaje podría haber terminado aquí, pero había que volver a Mekele. Decidimos volver por otro sitio hasta un pueblo donde nos habían dicho que podríamos encontrar alojamiento con camas y duchas. Y nos equivocamos eligiendo.

Lo que nos costó 7 horas para ir se convirtió en 13 horas de coche, con innumerables problemas mecánicos, varias atascadas en la arena (coche 1 se atasca, viene coche 2 para intentar sacarlo, se atasca, viene coche 3 para sacarlo, casi se atasca, sólo un cable de arrastre para 5 coches, hora y media en medio de la arena en pleno mediodía), para acabar perdidos en medio de la montaña, de noche, rodeados por la niebla, y nuestro coche sin luces(!) conduciendo por desfiladeros.

Después de todo esto, y ya en Mekele al día siguiente, comprendí que para hacer este tipo de viajes, tienes que hacerlo full-equipe, no vale ir a la aventura y con las cosas a medias. Ha sido un viaje increíble, en todos los aspectos, y la suerte nos ha acompañado. Espero poder hacer más viajes similares a éste (¡Pero mejor preparados!)

Bodorrio Abesha!

Publicado: 8 febrero, 2011 en Sin categoría

Hace dos fines de semana se casó la cuñada de Daniel. Tuve el privilegio de ser el único farenji invitado entre aproximadamente 600 personas. Fue un bodorrio en toda regla.

Aqui las bodas siguen un patrón más o menos similar, y no se diferencian mucho de las bodas de alli. Lo básico no cambia: mucha comida, mucha bebida, bailoteo y jarana. La mayor diferencia es que aqui es todo cien veces más hortera. No se suele ir a la iglesia, porque es caro, hay que hacer un ayuno extralargo, y sobre todo, porque para casarte en la iglesia tienes que hacerlo virgen. Entonces, lo más fácil es que invites al cura al banquete, y te case en el restaurante.

Peazo Limo

Peazo Limo

Esta es la época de las bodas, todos los fines de semana te cruzas por la calle con una fila de coches pitando en plan escolta nupcial, o un corrillo de gente en la entrada de una casa cantando, o una limusina aparcada esperando a los novios. Les encanta alquilar una limusina para su boda. Y en esta no podía faltar.

Carnaza!

Carnaza!

 

 

 

 

 

Una vez que todos los invitados están ya sentados, los novios entran en el salón, hacen una especie de coreografía estúpida, y se van por la comida. El buffet está en ora parte, y los novios y los padrinos son los primeros en coger las mejores tajadas. La injera y el kitfu no falta, y un carnicero te corta unos suculentos trozos rojos de carne cruda. En las mesas hay tres o cuatro botellas de Red Label para que te vayas sirviendo a tu gusto. También hay cerveza caliente y tej, el famoso vino local.

JohnnyRaw

Aqui vemos a Yohannes con su chica justo antes de dar cuenta de su plato favorito: Raw Meat! Al fondo, los padrinos, las madrinas, y el cura.

 

 

 

Durante la comida, los novios bailan el vals y después de la comida, la música cambia, y el cura procede a entregar las alianzas. Apenas le dejaron terminar, porque inmediatamente después del “puedes besar la novia”, el salón se abarrotó de gente, empezó a sonar el soniquete del iskista, y todo el mundo se puso a bailar como si el mundo se fuera a acabar en una hora.  Hubo momentos que aquello parecía un concierto punk por los empujones, el sudor y la tajada que llevaban algunos. Pero todo se desarrolló sin incidentes, y los invitados de las otras salas pudieron disfrutar cómodamente de la retransmisión de lo que acontecía en unas pantallas que la compañía encargada de hacer el video de la boda había instalado para ello.

Luego llegó la tarta de siete pisos, champán, más música y más baile. Estuvo muy bien, la verdad que no me esperaba tanta juerga, acabé derrotado en una silla, empapado de sudor, apurando una cerveza calentorra, mientras los novios se despedían de los invitados desde la limusina, camino de su luna de miel.


El Terrible SantaKlaus

Publicado: 17 enero, 2011 en Sin categoría

Hace 10 días que fueron las navidades etíopes(madre mía, qué rápido pasa el tiempo) Aqui son más chulos que un ocho y pasaron millas de aceptar la reforma gregoriana, así que vivimos 7 años por detrás del resto de países, tenemos 13 meses, y a las 12 de la mañana, son las 6. Todo esto no influye tanto, porque la gran mayoría de la gente con la que trato se rige por el calendario gregoriano, y aunque lleven la hora etíope en el móvil, cuando les pides la hora, te contestan con la hora occidental. Pero puedes tener un problema si quedas con alguien y no especificas el tipo de hora al que os estáis refiriendo.

Toda esta palabrería horaria me ha despistado del tema navideño. La navidad es el final del ayuno, la gente lo celebra por todo lo alto dándose unos buenos atracones de carne cruda, después de 6 semanas de comer verduritas. Imaginad el pelotazo en el estómago, la mitad de la gente del curro no vino al día siguiente porque estaban hechos puré. Los que no ayunaron, vinieron con resaca.

Total, que como las navidades occidentales fueron un poco menos intensas que las de otros años,  cuando Daniel me propuso hacer de Papá Noel y aparecer en su casa delante de su hija y sus amigos, me dije: pues dale. Un poco de paripé friki siempre gusta, además hacer el chorra con niños pequeños es muy sencillo y agradecido.

Así que después del curro, me fui a su casa. El Nota había comprado un disfraz bastante cutre, creo que nunca he visto un disfraz decente de Papá Noel. Ni en Addis, ni en Laponia. El cojín de relleno para la barriga tampoco podía faltar. Ni los pelos sintéticos de la barba pegándose a mi paladar.

Los niños estaban medio emocionados, medio acojonados. Cuando aparecí por la parte de atrás del jardín, haciendo el ho-ho-ho, se pusieron a chillar como monos, pero luego no se me acercaba ni uno.No les debía dar buena espina, pero la bolsa que llevaba a la espalda dejaba ver unos papeles de regalo demasiado atractivos como para quedarse alli mirando…

Me senté en un banco y fui llamando a los chavales uno a uno. Los padres de los niños me habían escrito alguna cosilla que decirle a cada uno, en plan “lo estás haciendo muy bien en el cole, sigue así” o “haz más caso a tu madre, y no pegues a tu hermana”.

 

Al final, risas y aplausos, despedida hasta el año que viene, y la chica más espabilada del grupo, antes de irme, me toca el cojín-barriga y me dice: tú no eres Santa. A lo que yo contesto: puede que no, pero te he traído un regalo, y hemos pasado un buen rato. Así que mejor lo dejamos estar así, ok?

Fauna Langana!

Publicado: 8 enero, 2011 en Sin categoría

Hola de nuevo, espero que hayáis pasado unas felices fiestas, que el lechazo y el marisco estuviera a vuestro gusto, y que la resaca no os haya taladrado mucho.

Mi jefe ha vuelto de sus vacaciones por Italia, y hemos tenido que devolverle su conexión a internet. Espero que esta semana podamos comprar una conexión con lo que nos debían del sueldo de diciembre.
Nosotros pasamos la nochevieja en Awassa, a unos 200km. al sur de Addis. Llegamos bastante tarde, y cuando salimos a cenar algo, no encontramos nada abierto. Acabamos cenando un poco de cordero en un puticlub con la música a toda leche. Como no estábamos por la labor de entablar conversación con las chavalas del garito, nos volvimos a la habitación del hotel a tomarnos una copa. Ha sido una nochevieja bastante especial, porque ha sido la primera fuera de casa, y porque no acabé borracho.

Awassa tiene un lago bastante grande, y si pagas unos birr, te dan un paseo en lancha. Dicen que hay hipopótamos, pero ni siquiera ese reclamo nos pareció lo bastante atractivo. Lo que queríamos era nadar un poco, y el único sitio donde puedes hacerlo con garantías de no morir devorado o infectado es el lago Langano. Y para allá que fuimos.

El lago Langano es una apacible y cálida balsa marrón, donde puedes nadar hasta jartarte, y todavía haces pie. También hay hipopótamos, el año pasado pudimos ver uno, pero van bastante a su bola. Nos alojamos en el hotel Wabe Shebelle, que tiene unos bungalows un poco cascados, pero de precio están bien.  Alli pasamos el Año Nuevo echando unos baños, y disfrutando del buen tiempo.

El domingo visitamos Bishangari Lodge, un resort de lujo, muy bien montado, limpio y de rollito ecológico, a 20km. de la carretera principal por un camino recomendable para 4×4, no para nuestro Toyota Corolla alquilado. Cuando llegamos a Bishangari, nuestro conductor nos dice que no hay gasolina en el depósito, que no sabía que el sitio estaba tan lejos, y que no cree que podamos llegar a la carretera principal con lo que queda. El gerente del resort, un escocés majete que está harto de tanta naturaleza y sólo piensa en escapar a Addis a la mínima, nos vendió algo de gasolina.

Una vez resuelto el problema del combustible, pudimos disfrutra del entrono natural que nos rodeaba. El sitio está lleno de pájaros de diferentes especies (el gerente nos dijo que en la zona habitan unas 400 especies), monos, babuinos, cerdos salvajes y un sinfín de insectos.

Tuvimos un percance con un cerdo que estaba degustando algo de carroña y que se pensó que le íbamos a disputar la presa. El muy cabroncete no estaba dispuesto a    perder su almuerzo, y se encaró hacia nosotros, dispuesto a cargar. Esto hizo que saliéramos por patas, o como hizo Aaron, que se buscó un sitio libre de peligro…

This is my house – Yehe bete new

Publicado: 30 diciembre, 2010 en Sin categoría

Os cuelgo unas fotos del apartamento donde vivimos. Comparto piso con un americano y una macedonia. Aaron es diseñador gráfico, ha trabajado para Universal Studios en Los Ángeles y Eleonora es guionista y redactora, ha trabajado para la BBC en Macedonia y en varias productoras de EE.UU. No se les ve mucho en las fotos, pero ya tendréis tiempo de conocerlos. Hasta ahora, la convivencia es muy buena, estamos bastante compenetrados y el buen rollo flota por la casa.

Como veis, el pisito no está nada mal. Cocina americana, salón enorme, habitaciones amplias, mucha luz y todo bastante equipado. La verdad que ninguno de nosotros nos esperábamos una vivienda así. La tele era de voltaje americano y se fue al garete cuando la enchufamos. Tampoco podemos ver dvd´s, pero conectamos el ordenador a los altavoces 5.1 para ver pelis o escuchar música.

La terraza nos ofrece una amplia vista de la city, y cuando no hay bruma, el atardecer es muy chulo.

Es un edificio de oficinas, así que no tenemos vecinos. En la planta baja está Green Power, que es una empresa que monta placas solares como la que tenemos en el tejado para calentar el agua. Se estropeó al primer día y nos han instalado calentadores eléctricos, que son menos ecológicos, pero más efectivos.

Justo debajo de nuestro piso, se está construyendo lo que será la nueva sede de Zeleman Production, con una sala de edición amplia para que los clientes puedan supervisar el proceso de postproducción, y un pequeño-gran estudio multifuncional para grabaciones de plató, con posibilidad de grabaciones en chroma. El primero de estas características en Etiopía. Pero eso ya os lo contaré en otro post…

Intro

Publicado: 29 diciembre, 2010 en Sin categoría

Panorámica de Addis desde el monte Entoto. Junio2010Todo empezó con una llamada de Miguel Llansó allá por abril de 2009. Llevaba ya un tiempo currando allí, y  quería rodar un documental sobre el atletismo en Etiopía. Cuando me llamó para preguntarme si quería venir y grabar juntos, no tuve ni que pensarlo. Esa fue mi primera toma de contacto con el país.

No me imaginé que después de ese rodaje nacieran otros proyectos que me han hecho volver otras 3 veces en 2010, una de ellas para repetir aquello que grabamos en mayo de 2009 y que desapareció en algún lugar de Bélgica. (Para más información, puedes visitar el blog que creó Miguel durante su estancia en Etiopía, y que relata algunas anécdotas del rodaje y otras curiosidades: http://corredoresetiopes.blogspot.com/) Durante esas breves pero intensas estancias, conocí a mucha gente, también del mundo audiovisual. Tuve la oportunidad de trabajar con gente del mundillo y compartir experiencias profesionales y personales.

Y aquí estoy de nuevo, esta vez por más tiempo, serán 6 meses en principio, en un proyecto más grande y más complejo. La productora Zeleman Production me ha contratado como cámara/editor a tiempo completo. Es una de las productoras más grandes del país, y mueve bastantes proyectos: videos promocionales, institucionales, spots publicitarios, documentales, eventos, etc. También desarrolla proyectos de diseño gráfico y locuciones para radio.
Puedes ver su página web aquí: http://www.zelemanproduction.com/

A través de este blog, intentaré contar un poco cómo es esto de vivir en Addis Ababa, hablaré un poco de mi trabajo, y de lo que vaya surgiendo. Espero no aburrirte demasiado, ¡Y te animo a que dejes algún comentario!